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lunes 17 de noviembre de 2008

Ahí has estado, Ron

JEFF JARVIS/Buzzmachine
Jeff Jarvis responde a un artículo de Ron Rosenbaum en Slate en el que el periodista lo acusa de ser un gurú que disfruta de la buena vida sin importarle cuántos colegas pierden su trabajo. Jarvis le explica que, en lugar de proponer un productivo debate sobre periodismo, Rosenbaum lo culpa a él de los problemas que enfrenta la profesión. El victimismo, la lástima y el enfado no sirven para nada ni ayudarán a salvar el periodismo, asegura Jarvis.

He sido honrado con un intento de calumnia por parte de Ron Rosenbaum en...¿cuál es el nombre de esa web? ¿Salon? No. Slate (siempre me los confundo). No os molestaré con sus tres páginas de bravatas (oh, aquellos tiempos de poco espacio en el papel) e iré directo al grano: está cabreado porque no estoy actuando con suficiente aflicción y respeto por el fin de las carreras periodísticas de sus amigos (y quizás de la suya propia). Soy “cada vez más despiadado” con estos “hermosos perdedores”.

Lamentablemente, Rosenbaum no discute el concepto, la historia y el destino del periodismo, algo que puede ser productivo o al menos provocativo. En lugar de eso, igual que un crío de primaria enfadado, me ataca a mí. Por culpa de mis opiniones, asegura, ya no le “caigo bien”. ¡Toma esa, Jarvis! ¡Ya no te puedes sentar a comer conmigo nunca más! Me recuerda a ese chaval de primaria que no ha estudiado para un examen y que cuando comprueba el resultado de su desatención refunfuña, lloriquea, da pataletas con sus piececillos y dice que “No es justo”. No, chaval, la vida no es justa.

Estoy haciendo a los periodistas culpables del destino del periodismo. ¿Cómo me atrevo? Rosenbaum dice (de mí) que “no sólo culpa a las víctimas; les niega el derecho de considerarse víctimas”. Como si el victimismo nos llevase a alguna parte.

Para que conste, éste es el meollo de lo que dije en un blog y en un artículo de The Guardian y que inspiró el ataque. Era mi reacción a los esfuerzos por perdonar a los periodistas de su responsabilidad en la caída del periodismo y sus naves por parte de Paul Farhi, Roy Greenslade y Adrian Monck:

Rebato a Farhi, Greenslade y Monck no porque quiera flagelar a los periodistas, sino para darles poder. Asumir responsabilidades por la caída del periodismo es asumir responsabilidades por su destino. ¿Quién intentará salvarlo si no son los propios periodistas? No se puede perder ni un minuto lloriqueando.

Pero lamentablemente Rosenbaum no discute esto. Lloriquea y prefiere burlarse de mí porque voy a conferencias, asesoro a empresas editoras de periódicos y enseño a periodistas (ayudando a formar a más de ellos; no para que nos quedemos con menos). No estoy seguro de qué es lo que prefiere que haga: ¿Sentarme en mi cuarto como alma en pena? ¿Guardar luto por el pasado? ¿Negarme a discutir el futuro del periodismo? ¿Decirle a los periódicos cuando me llaman para que les dé ideas que se vayan al carajo y que se mueran? ¿Sería eso solidaridad con mis hermanos plumillas que hicieron bien poco por transformar el periodismo en los últimos 13 años de Internet?

Precisamente esta mañana acudí a otra conferencia (¡pillado!), en donde entre café y cruasanes hablé con directivos de cuatro editoras de periódicos que analizaban ideas para nuevos modelos de información. La semana pasada ofrecí una conferencia en la CUNY (City University of New York) sobre nuevos modelos de negocios para las noticias. Estoy poniendo en marcha una organización en la CUNY para hallar, explorar y compartir buenas prácticas en nuevos modelos de negocios para la información. Enseño un curso en periodismo emprendedor, con la esperanza de poder dar apoyo a pequeñas chispas de innovación. Declaración completa: también asesoro o tengo inversiones en algunas empresas que están arrancando, como Daylife, Publish2, 33Across, Black20, Brightcove y Outside.in (y aún no he ganado un céntimo con ellas). Espero que la profesión (o alguien) encuentre el modo de salvar el periodismo.

Si logramos salvar a todos los periodistas actuales es otro asunto totalmente distinto, y no es mi objetivo. Según Rosenbaum, eso me hace cruel; yo creo que me hace realista. Y necesitamos algo de realismo en este negocio. Si Rosenbaum quiere odiar realmente a alguien, debería lanzar las bolitas de papel de su canuto hacia mis amigos Scott Karp y Seth Godin, quienes aseguran que “al mercado y a Internet no les importa si haces dinero”. Trabajar en una redacción no es un derecho divino. Imprimir y transportar tampoco es un pilar inquebrantable del sector. Sí existe, en cambio, una necesidad de periodismo. Ese es el problema a resolver. Esa es la oportunidad que se debe aprovechar.

En la conferencia de esta mañana escuché al locuaz Sam Zell, de Chicago, decir lo que ya ha dicho otras veces. Es realista. Unas cuantas viejas figuras del sector se mostraron en desacuerdo con él. Les pedí que me nombraran a tres renovadores dentro del negocio periodístico actual. No supieron contestar. Sea o no Zell el agitador preferido de cada uno, él al menos está haciendo preguntas, desafiando supuestos.

Rosenbaum me acusa de “vivir la buena vida” como consultor, profesor, blogger, charlatán. Ya quisiera yo. Cuando trabajaba para Advance y Condé Nast ganaba mucho más de lo que gano ahora. ¿Así que, por qué demonios lo dejé? Porque quería participar más en el futuro, y creía que la mejor manera de hacerlo era trabajando con los estudiantes que serán el futuro; ayudando a las empresas editoras desde fuera, con otra perspectiva; y participando (o a veces azuzando) el debate urgente sobre modelos de información nuevos y sostenibles.

Por supuesto que cada uno tiene derecho a debatir conmigo y a despotricar sobre lo que digo. Deseo que lo hagáis (y muchos de vosotros lo hacéis). Eso es productivo; sacar la lengua fuera no lo es. Rosenbaum también se queja de los aforismos, de los titulares de los blogs, de los PowerPoint que se difunden desde aquí. De acuerdo; pero a veces se difunden mejor que tres páginas de bilis y bravuconerías. “Haz lo que haces mejor, y pon enlaces hacia lo demás” puede ser ingenioso, pero también genera debate.

Debatamos sobre eso, Ron.

Si Rosenbaum se hubiese informado sobre mi reporterismo, habría evitado algunos errores en su artículo (veamos ahora si, como buen blogger, los corrige). Dice que recientemente yo escuché y repetí una charla de Paulo Coelho en Frankfurt. En realidad, entrevisté a Coelho (eso se llama periodismo) en París el verano pasado para mi libro y para un artículo en The Guardian. Dice que vivía al lado del World Trade Center en el 11S. En realidad, he dicho a menudo que yo iba en el último tren del PATH (Port Authority Trans-Hudson) hacia el centro ese día (manejando Google podría haberse enterado de eso).

También especula sobre el reporterismo en mi libro. Se pregunta (en lugar de preguntar) si intenté acceder a Google y me lo negaron. Ni lo intenté ni me lo negaron. He entrevistado a muchas personas como Coelho. Opté por no conseguir acceso oficial y controlado a Google, y en los agradecimientos del libro explico el por qué:

Adviértase que no estoy agradeciendo a Google. Estoy agradecido por la existencia de Google, sus lecciones y su inspiración, por no mencionar los valiosos consejos online de Marissa Mayer. Pero quiero aclarar que no intenté tener acceso a Google para hacer este libro porque quería juzgarlo y aprender de él desde la distancia. Mi admiración hacia Google, por lo tanto, no proviene de una relación con la compañía, sino de su increíble ejemplo.

Rosenbaum también especula sobre mis opiniones. Dice que yo no parezco “reconocer distinciones de valor”. ¿Qué demonios significa eso? Aunque se mofa de mi modesto código, él cita la Ley de Gresham (un corto aforismo, una perla en sí): “La basura genera valor”. Mi argumento es que Internet pone fin a la escasez y permite una mayor creación, y con ello se genera un nuevo valor. Él se queja de mi confianza en el mercado (“el mismo mercado que creó esta debacle y ha estado a punto de destruir la economía”). Yo digo que, en cierto modo, si no confías en el mercado (la gente, nosotros), entonces no valoras la democracia, el capitalismo, la educación, el arte… o el periodismo (¿para qué confiar, dar poder, ennoblecer e informar a la gente si somos todos una pandilla de idiotas?). “Es la Sarah Palin de los gurús. La muchedumbre siempre tiene la razón”, asegura Rosenbaum. ¿No sabes que a veces tiene más razón de lo que le concedemos?

“Mira, no hay nada malo en que Jarvis haga todos estos análisis y pronunciamientos”, concluye Rosenbaum. Vaya, gracias, Ron. Pero si cuestionas mi autoridad para discutir el futuro del periodismo, me pregunto quién te erigió a ti en árbitro del debate.

Actualización:

Dios bendiga a Paulo Coelho por su respuesta a los comentarios de Rosenbaum:

Ron asegura que soy un gurú del New Age. Por favor, pásale este mensaje, ya que su blog no tiene un lugar claro para dejar comentarios (es demasiado complicado dejar un post ahí): debería de sentarse y meditar, hacerse vegetariano, decir OMMMMMMMMMM 250.352 veces al día, sonreír mientras dice Paz y Amor a extraños y leer el Bragavad Gita cada mañana. Solo entonces debería sentarse y empezar a escribir el blog. Estoy seguro de que sus textos mejorarían y su amargura desaparecería.

Nueva actualización:

Leed los considerados posts de Michael Miner y Ken Sands sobre los asuntos de verdad.

(Traducido por Snap Comunicación)

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