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viernes 21 de noviembre de 2008

Los peligros de la esfera pública

JEFF JARVIS/Buzzmachine
Hace unos días publicábamos la respuesta de Jeff Jarvis a una crítica que le hizo el periodista de Slate Ron Rosenbaum. Ahora Jarvis reflexiona sobre las consecuencias que tuvo para él ese "ataque personal", como lo califica. Aprovecha, además, para dar su opinión sobre el creciente grado de exposición a la esfera pública que supone internet y  consejos sobre cómo actuar en un contexto en el que "todos seremos vulnerables".

Últimamente he estado pensando mucho sobre los beneficios de la esfera pública y de la transparencia. Esta semana me hizo recordar también sus peligros.

Esta ha sido prácticamente la primera vez que he sufrido un ataque personal, pero tampoco será la última. Aunque debo admitir que no contribuyó a hacer mi día agradable (me dejó un mal sabor de boca, malestar en el estómago, vulnerabilidad y decepción), admito que no estoy en posición de lamentarme. Soy un blogger que ha repartido sus buenas dosis de mordacidad. Trabajé como crítico durante años y he recibido cartas envenenadas de fans y de actores. Reconozco que soy tajante en mis opiniones sobre periodismo, pero creo que es necesario y efectivo, aunque también sé que eso molesta a algunos. Pues que así sea.

He recibido el gratificante apoyo de los amigos. Pero si algo me preocupó fue un correo electrónico que recibí de mis padres preguntando quién es ese Ron Rosenbaum (y por qué está atacando a su hijo). Incluso los bloggers tienen madres.

Esto no va de mi exposición a la esfera pública; trata sobre la siguiente persona que todavía no ha vivido algo así y que va a ser apuñalada cuando se decida a crear o compartir algo online. ¿Qué le pasará a su disposición a abrirse al público? ¿Qué perdemos si vuelve a recluirse en su caparazón? ¿Qué impacto tiene esto en la calidad del debate? ¿Qué impacto tiene en la reputación y el valor del medio?

Mis respuestas habituales a estas preguntas (procedentes de mi siempre optimista defensa de la conversación online) han sido: no prestes atención a lo malo, céntrate en lo bueno. Y también: sabemos quiénes son los imbéciles. Y: no juzgues a todo un medio por lo peor que tiene. Todo eso es maravilloso y verdadero, hasta que te recuerdan cómo se siente uno al recibir la puñalada por la espalda.

Coincidí con el asesor de comunicación Richard Edelman, así que aproveché para preguntarle que debía hacer en esta situación. Y me dio su consejo. No me sorprendió que me recomendase no rebajarme al nivel del francotirador, que es exactamente lo que hice, responder del mismo modo, porque era eso lo que me apetecía. Edelman me dijo que le contestase con hechos y que volviese a mis principios, que es por supuesto lo que debía de haber hecho (y que haré más adelante en otro post). “Sé fiel a tu carácter”, me dijo. “No debes de picar en el anzuelo. Perderás más de lo que puedes ganar”. De hecho, no tenía que recurrir a un experto en relaciones públicas para saber eso. Es lo que siempre me ha dicho mi padre.

Edelman reconoció que hay diferencias según qué medios. En los canales Fox o MSNBC uno no responde situándose en el mismo nivel que el otro: gana el que grita más. Hace años, los asesores de comunicación aconsejaban a sus clientes ignorar y ocultar. Pero eso no sirve para la blogosfera, me dijo.

Se está aplicando un viejo criterio social que es, creo, una prolongación de los viejos medios de comunicación. Dice así: Si sales ahí fuera te arriesgas a que te ataquen. Significa que prácticamente es culpa tuya que te ataquen. Esta es la base para justificar la difamación de figuras públicas, el supuesto derecho de perseguir a quienes son noticia. En cuanto eres una persona pública pierdes el manto y la protección de la privacidad.

Pero ahora todos somos públicos. ¿Esa norma aplica también al mundo online, cuando 180 millones de personas han abierto blogs e infinitas más suben vídeos a YouTube y fotos a Flickr? ¿Están o deberían estar todos ellos expuestos a los francotiradores y las lenguas mordaces? Bueno, sí podrían estarlo. ¿Pero cuál es nuestra posición al respecto? ¿Se está aplicando un nuevo criterio?

El mundo online ha desarrollado un sistema para manejar los ataques que pudimos ver en marcha ahora: alguien recordó a los participantes que no se debe dar alimento a los trolls. Alimentar a los trolls no sólo les anima, sino que degrada el debate y, por consiguiente, devalúa el medio. Los trolls y sus seguidores hacen daño a internet. Así que no se les debe dar alimento. Hay otro sistema (también visto en estos días) que se pone en marcha cuando alguien intenta reconducir la discusión para hablar sobre los temas y las ideas que se están pasando por alto. También hay una norma que establece que lo correcto es poner enlaces a las respuestas a un ataque (adviértase que Rosenbaum no nos ha concedido ni ese simple gesto). Y finalmente también está el humor.

Otros métodos no funcionan. Las webs buscan constantemente fórmulas automáticas para eliminar la escoria. ¿Cuál es el algoritmo de los trolls? Espero que esto no de un giro y se acaben poniendo demandas por calumnias, porque eso enfriará los debates y, como ha señalado Susan Crawford, las leyes contra la difamación son irrelevantes ya que en este caso todos tenemos medios para responder (y que yo utilicé).

Me pregunto si surgirán nuevos sistemas. Yo sostengo que violar la privacidad de una persona con fotografías en una fiesta de cerveza será cada vez menos relevante, debido a la doctrina de la humillación mutua asegurada. Y eso será cada vez más habitual según la Ley de Zuckerberg, por la cual “el año que viene la gente compartirá el doble de información de la que comparte este año, y el año siguiente compartirá el doble del año anterior”. Todos seremos vulnerables. En medio de nudistas, nadie está desnudo.

El debate bien vale la pena. Soy un optimista repugnante. No confío en la sabiduría de las masas, del mercado, del público; creo que todos saldremos beneficiados cuanto más públicos seamos y cuanto más transparentes sean nuestras instituciones. Pero temo perder la conversación, la sabiduría y las contribuciones al debate de las personas que reciben la puñalada en la espalda demasiado a menudo (a algunos les bastará con que sea sólo una vez). Una cosa es leer ataques estúpidos y verlos como algo entretenido, y otra cosa es adoptar la postura incorrecta. Necesito que me lo recuerden, tal y como ha ocurrido en estos días.

Quizás sea ésa la explicación: nos atacan una vez, y aprendemos gracias a ello. O nos atacan y nos hacemos peores por ello. Eso es lo peligroso. Siempre habrá trolls, locos, idiotas e imbéciles; los hay en la vida real, así que también los hay aquí, en internet. Pero eso no echa a perder internet más de lo que echa a perder Nueva York. La pregunta es si debemos proteger el valor de la Red y cómo hacerlo. Como soy optimista, creo que lo haremos.

Actualización:

Por cierto, veo que estoy siendo provocado por otra persona que sólo ataca a la gente para conseguir atención y enlaces. Ni siquiera presto atención a lo que dice. Dejé de seguirle hace dos años. Sólo una nota: Por eso adoro Twitter. Le he bloqueado. Ahora mi mundo está libre de ese troll. Me siento bien. Y no, no le voy a dar la satisfacción de enlazarlo. Tampoco.

(Traducido por Snap Comunicación)

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Comentarios

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Gran reflexión sobre lo que ya podríamos llamar como ética en la red.

Este hombre es un maestro. Qué claridad!

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